jueves, 1 de noviembre de 2012

Los falsos amigos

No. No tiene que ver con esas personas que se cruzan contigo, que entran en tu vida, pero que nunca se comportan con lealtad ni honestidad.
Más bien, quiero hablar sobre la tendencia (cada vez más generalizada, y, sobre todo, en el ámbito de las TI o tecnologías de la información) de crear verbos a partir de ciertas acciones. Así, por ejemplo, es muy frecuente escuchar la palabra resetear cuando alguien se refiere a la acción de volver a iniciar un determinado equipo, ya sea un ordenador, un teléfono o una televisión. De la acción anglosajona reset,

También es común usar debugar al referirse a depurar un programa. Tenemos su origen en la palabra debug, que, en inglés, sí tiene la acepción de depurar el código de un programa. Sin embargo, en español poseemos el vocablo depurar, que es preferible y hasta recomendable que se use en su lugar.

Así, podría enumerar multitud de situaciones similares, como, por ejemplo, clicar, para señalar la acción de hacer clic sobre un enlace o un botón. Esta palabra, además, es curiosa, porque se quiere hacer que derive de la onomatopeya que, supuestamente, se hace al pulsar sobre uno de los botones del ratón (otro vocablo inglés, para el que, desgraciadamente, no hay sustituto en español). Hace no mucho tiempo, mientras estaba trabajando en un grupo informático, el responsable me sorprendió al usar la plabra suichear (entiendo que formada a partir de la acción switch), y refiriéndose a la actividad realizada por el periférico informático. En cualquier trabajo que tenga cierta relación con ordenadores, es común hallar cualquiera de esas palabras, así como también alguna de las siguientes (cuando no todas): loguear (o logar), para hacer referencia al acto de acceder a un sistema informático, o como correspondencia de log in; deletear, formado a partir de to delete, y uyo significado es borrar. Quizá con búfer ocurre algo curioso, porque tiene varios significado, en función del área de trabajo en el que se use. Pero, grosso modo, vendría a representar algo así como un área donde se almacenan, temporalmente, ciertos datos.  También recuerdo que, hace algún tiempo, un jefe me pidió que revisase unos datos y los macheara con otros. Entendí que se refería a que confrontase unos con otros. Y sí, de forma "autónoma", creó el verbo a parir de to match. Con frecuencia también suelo escuchar el término zipear, que hace referencia a la acción de comprimir ficheros y/o documentos a través del software WinZip. En la misma corriente puede entenderse la palabra tarear/destarear(o destarar), formada como consecuencia (i)lógica de usar la acción de comprimir ficheros con la utilidad tar

Por otro lado, hay ciertos vocablos que se usan con una gran normalidad entre cualqueir persona que trabaje con equipos informáticos, aunque su función no esté dedicada a esa área. Un ejemplo lo tenemos en mapear (por to map), sobre todo usada para indicar que no se tiene localizada la "ruta" de una unidad de red externa. También s frecuente escuchar "me escribes un mail...", en lugar de, por ejemplo, "me escribes un correo electrónico...".

También encontramos palabras que, de usarse con tanta frecuencia, han pasado a formar parte del léxico habitual de las personas que trabajan en la informática. Uno de esas palabras es comando, para referirse a una orden dada al sistema. Siguiendo con experiencias personales, hace poco, y mientras estaba trabajando, escuché a alguien diciendo que "iban a securizar...". Evidentemente, se refería a que iban a asegurar la red. 

Más recientemente, y con la aparición de cierta aplicación para los teléfonos móviles, me he encontrado con personas que usan guasapear, como la acción de enviar mensaje por Whatsapp. Curiosamente, hace poco escuché a alguien que, para referirse a eso mismo, usó la palabra guasear, que sí recoge la RAE, pero con la acepción de "1. prnl. Usar de guasas o chanzas."

Peor suena lo que he escuchado en personas de mi mismo sector. Butear, como derivación de to boot, que sería algo así como "iniciar el ordenador". Por el sector informático en el que desarrollo mi trabajo, es frecuente escuchar que alguien "ha alocado un fichero...", como derivación (más o menos afortunada), del vocablo to allocate, que sería algo así como "generar y cargar en memoria".

Para finalizar, hay otras muchas palabras formadas desde el inglés y que se usan con mayor o menor fortuna, y que no tienen, al menos por ahora, una gran difusión. Como ejemplo de esas palabras, tenemos atachar (también atachear), creada a partir de to attach, que indicaría la acción de adjuntar un archivo a un correo, o similar. Y una palabra que, sobre todo, se usa en ambientes hispanoamericanos, como es printear, derivándose de to print, que sería imprimir. Otra palabra con bastante uso en Hispanoamérica, pero no en España, es accesar, de to access, para referirse a la acción de entrar en un ordenador. 

En resumen, podemos sacar ciertas conclusiones de lo expuesto. Una de ellas es que todas las lenguas están en continuo crecimiento, y es normal (y hasta sano), que puedan contagiarse palabras de unos idiomas a otros. Todo lo que sea enriquecer el léxico, termina por enriquecer a la propia lengua. El español, sin ir más lejos, adquirió vocablos latinos, árabes, celtas o íberos, entre otros. Y muchos perduran hasta la actualidad. Sin embargo, esta concepción debe ir precedida de dos condiciones previas. En primer lugar, solamente se deben usar los anglicismos/extranjerismos que sea ESTRICTAMENTE necesarios, es decir, aquellos para los que no tengamos ninguna otra palabra para definir la misma realidad. Si ya disponemos en español de una palabra que identifica algo idéntico, se debe usar la palabra española. La segunda condición inexcusable es que esa palabra que "viene de fuera", ha de incorporarse a las normas morfo-sintácticas vigentes en español. Esto incluye, por ejemplo, la derivación de los plurales (esto no aplica para los acrónimos, los cuales NUNCA han de llevar la 's' marca del plural. Así, diremos JCL, y no JCLs); deben incorporar el artículo en función del género que adopten; se verán afectadas por todas las adaptaciones fonéticas y/o fonológicas necesarias en su proceso de asimilación.

domingo, 14 de octubre de 2012

Tiempo

A veces, un pequeño golpe, una sencilla muesca en nuestra vida cotidiana, basta para hacernos contemplar la realidad de otra manera. Y, a través de ella, surgen nuevas dudas. Y con estas dudas, nuevos detalles. Y con éstos, nuevos sueños y nuevas ilusiones. O, tal vez, siempre estuvieron ahí y, llegado ese momento, parecen resurgir con más fuerza que nunca. La lucha que mantenemos con nosotros mismos, en ocasiones, nos transforma y nos hace participar de una realidad que no es la que habíamos deseado. Pero, al mismo tiempo, un nuevo abanico de posibilidades puede llegar a abrirse ante nosotros, con toda su luminosidad. Generalmente, cuando esto sucede, el miedo y el temor ante lo desconocido, pueden paralizarnos. Es el temor al error, el miedo a descubrir que, aunque no lo lleguemos a reconocer, hay posibilidades de equivocarnos.
Pero a veces es necesario que uno de estos golpes ocurra para darnos cuenta de cuán valiosos podemos llegar a ser. Nadie, absolutamente nadie, está en disposición de decir que “eso no me pasará a mí”. La realidad es tan voluble que, aunque todo pueda parecer extraño y lejano, las Parcas continúan ejerciendo su labor en silencio. Y nosotros, tras el espejo deforme de nuestra propia seguridad, muchas veces nos sentimos lo suficientemente valientes como para retar a lo desconocido. Es en este terreno donde llegan a abonarse los propios errores. Tras la acción, únicamente queda el resultado, la reacción a nuestros actos. Y, más allá, envuelto en penumbras, el vacío, el miedo a la nada, a no ser; miedo a un desconocimiento del motivo, a no encontrar nada en la búsqueda del causante. Hoy, cuando todo ya es pasado y el ayer solamente forma parte del recuerdo, vale la pena mirar hacia atrás, recorrer en silencio el mismo camino que, tal vez, “nunca se ha de volver a pisar”. Pero, junto a él yacen, ahora abandonados por la insolencia de nuestro orgullo, las verdaderas razones que dieron lugar a los valientes actos que un día quisimos realizar. Engalanado en ese ayer ahora oscuro, aparece la terrible sombra de una confesión vana, cruel y aterradora. Al mismo tiempo, también sincera y comunicadora de una desagradable realidad que nosotros mismos quisimos (quién sabe si aún lo hacemos) ocultarnos.
Tal vez fue el miedo, o tal vez fue la desidia, pero ahora, esa misma realidad, descansa junto al abismo de nuestras más profundas miserias. Tanta repulsión nos causaba su visión, que decidimos desterrarla de nuestros pensamientos, alejarla de nuestros sentimientos. La soledad en la que agonizaba terminó por intentar masacrar cada hálito de vida. Nos empeñamos en eliminar ese recuerdo, esa agonizante memoria. Pero, tal vez encogidos por la ataraxia vital, fuimos incapaces de borrar de nuestro interior  ese mismo sentimiento que abominamos.
Ya nada importa. Todo acabó. Todo se fue consumiendo sin dar tiempo a reconocer nuestra culpa, a pedir perdón por nuestros actos, a reconocer nuestros errores. Quizá demasiado pronto. Tal vez, dirán algunos, demasiado tarde. O tal vez, en su justo momento, que es cuando suelen aparecer casi todas las situaciones en la vida.
Tras despertar de ese sueño, aparecen nuevos retos, nuevas oportunidades para crecer. Es fundamental que se llegue a encontrar estos nuevos hitos, pues serán ellos quienes nos marquen el camino a seguir. Lo importante es saber avanzar y, para ello, se hace necesario llegar a un profundo conocimiento de uno mismo. Tal vez fueron las dudas, o tal vez demasiadas esperanzas, pero, en ese momento, se hace necesario un verdadero examen introspectivo de nuestra naturaleza real.
Un minuto. Solamente un minuto. O, tal vez, un segundo. Solamente intervalos de tiempo. Solamente vacío. La nada. El no-ser; el no-estar. La realidad trasformada en una circunstancia vital. Y no hay nada más. No. No hay recuerdos. Únicamente queda el miedo. Ni siquiera hay dolor. Ni llantos. Hoy solamente queda una triste secuela imperecedera, adornada de imaginación, de sueño, de desvelo, de anarquía, de final.
Cien metros. Quizá, sesenta. Tal vez, veinte. Posiblemente, diez, Después, un golpe. Seco. Veloz. Amargo. Extraño.
Aire. Luz. Fuego. Miedo. Dolor. Recuerdos. Cariño. Desolación. Tristeza. Valentía. Deseo. Sueños. Música. Temor. Felicidad. Deseo. Poesía.
Al final, tan solo queda eso, tan solo palabras. Y se debaten entre el ahora y el ayer; entre estar y parecer; entre tener y ser. Vivir. Ahora. Ya nada fue. Ahora todo es. Luces. Cámara. Acción.
 Silencio, ¡se rueda!